Pues… esto es una historia que “podría” ser real. Todo empieza a finales del siglo XIX y principio de XX en Cádiz. Años duros, donde la vida había que currársela día a día. Donde los que ahora nos quejamos del ritmo de vida que llevamos no aguantaríamos ni un asalto. Cuando no había que firmar un contrato, con un apretón de manos bastaba.

Pues en aquellos años duros nace un chaval. Tuvo suerte, su familia estaba muy bien situada y no tenía problemas económicos, le dieron estudios. En aquellos años solo sabían escribir los curas y los médicos. Con veinte años era medico. Hizo estudios sobre el cuerpo humano que salieron publicado durante años en todos los manuales de medicina. Salvó cientos de vidas. Era querido en su pueblo.

Años después cuando se acercaba al medio siglo de vida y estaba casado, se cruzó en su vida una joven campesina, con carácter. Que se curraba la vida. Que no se quedaba en casa. Que corría delante de la Guardia Civil, cuando solo decir la palabra “civiles”te rilabas por la pata abajo. Que con dos “civiles” no se movía un alma en toda una provincia. Pues en aquellos tempos contrabandeaba con tabaco, aceite, pan o lo que hubiese con tal de llevar algo a su casa, vamos una mujer de rompe y rasga.

Pues… esa mujer entró a servir en casa del medico, consiguió un poco de estabilidad, algo casi impensable en aquellos años. En esa casa aprendió a disfrutar amando y sintiéndose amada y también a sufrir viendo como la persona amada esconde su relación y lleva una vida “respetable”. Esa luchadora se quedo embarazada. ¿Qué hubiese sido lo fácil?. Pues en aquellos tiempos hacerle caso al señorito, que pretendía que se marchase a su pueblo y mantener al crío.

Pero no, “¡ole sus santos cojones!”, se marchó a la capital y se busco la vida, a ella no la mantenía nadie, tenia redaños para eso y para mucho mas. Y durante unos años el trapicheo fue su medio de vida. Aquel medico se encontraba muchas veces con la pequeñaza y le daba unos reales. Pasado un tiempo a nuestra luchadora se le queda pequeña la capital de provincia y decide emigrar, ir a una gran ciudad, buscar un sitio donde poder luchar y mantener a su hija con dignidad, con la cabeza alta.

Y marchó a Barcelona…si si a Barcelona, no a una ciudad cercana, no. Se marchó a Barcelona,¿Qué?.¿Tenia cojones o no?. Vamos, una mujer adelantada a su tiempo. Pues en Barcelona hizo lo que había hecho durante toda su vida, luchar, pelear y trabajar. Con la cabeza alta y el orgullo intacto.

Limpió escaleras, sirvió en casa, vendió ropa…vamos se paso la vida currando, sin pensar que quizás lo fácil hubiese sido elegir el camino fácil, el esperar que me den de comer y me llenen el bolsillo, que me den la sopa boba, pero no…su dignidad no lo hubiese aguantado. Mejor un chusco de pan ganado con su trabajo que un plato de sopa con un cacho de gallina a cambio de tu orgullo.

Yo la conocí con casi noventa años, con una vida a cuestas, con historias para llenar varios libros. La recordaré toda mi vida con su pañuelo en la cabeza, se lo ponía como los indios. Estaba la mayor parte del día en su habitación, viendo la tele. Pero…cuando disfrutaba, ese momento… era cuando aparecían sus biznietos…!joder como disfrutaba¡.Se reía como una niña, los dejaba hacer lo que quisieran. Saltaban en la cama, le apagaban la tele, le subían el volumen…vamos, cosas de los biznietos y ella era feliz, se reía como una niña y disfrutaba, coño ya le tocaba disfrutar después de una vida llena de esfuerzos y trabajo.

Siempre la recordaré, le gustaban sus nietos y biznietos y el queso mojado en café. Era una mujer de carácter. Esa es la herencia que ha dejado a las mujeres de la familia, mujeres que no se achican, que se crecen ante las adversidades, que cuando tu te paras ellas no lo hacen ni para coger impulso. Ese es el mejor legado que pudo dejar en herencia, su fuerza por vivir, su orgullo, su dignidad.

Ella no hablaba del señorito, lo acepto como una parte de su vida que dejó atrás. Hablaba de la dureza de aquellos años, pero no quejándose, aceptaba su vida y estaba orgullosa de ella. Y cuando su camino llegaba a su fin una de sus nietas le preguntó por él, no se el motivo pero dijo su nombre y contó algunos detalles. Ese nombre quedo en la familia. Un buen día su nieta empezó a investigar, a preguntar, a mandar correos electrónicos pidiendo información, a buscar una aguja en un pajar. El resultado fue que se pinchó, encontró esa aguja. Se consiguió una historia y una cara. Completamos el resto de la historia, el agujero que quedaba en esta parte de la biografía. Supimos sus apellidos, con quien se casó, como se llamaron sus hijos, cuando murió.

¡Se cerro el circulo!

¿Qué nos queda en el recuerdo?. Esa mujer, esa luchadora que se adelanto a su tiempo. El orgullo de contar esa “historia” y poder decir “yo la conocí”, era la abuela y con dos cojones.

PD.- no hay posdata por que tengo las lágrimas corriéndome por la cara