Desde hace unas semanas voy a clases por las tardes, son pocas horas semanales. Pero cuesta, cuesta desengrasar la maquinaria, lleva años parada y ahora cuesta... pero lo estamos intentando. Pero... eso... eso es otra historia.

Lo que cuento hoy es sobre un bar. Cerca del “centro educativo” hay un bar. Entramos unos minutos entre dos clases, tenemos un descanso de quince minutos, y nos pedimos el café con leche.
Es curioso lo que me llama la atención, no es un bar... “normal” ¡vamos! No la normalidad de hoy en día. No tienen tazas bonitas. No tienen camareras guapas. No tienen manteles de tela. No tienen azúcar de varias clases. No tienen dulces de pastelería en un expositor. No tiene montones de cosas. No tiene la “frialdad”, la “impersonalidad” de muchos establecimientos de hoy en día.

Pero me gusta... me gusta... su normalidad, el que te pongan los cafés en los vasos de “duralex”. Que los azucarillos sean... de los que son como “daditos”... si de esos que metemos con los dedos en el vaso y vamos dejando que se disuelvan. Que al abrir la puerta y decir “buenas tardes”... LA GENTE TE CONTESTA.. “buenas tardes”, ¡joder! eso es una pasada. Hoy en día entras en cualquier sitio y cada uno va a su puñetera bola. Como si explota el mundo. Yo a lo mio. Parece que da corte saludar y ser un poco educado. Y esa es de las pocas cosas que no cuesta ni trabajo ni dinero.
Yo personalmente cuando salgo a pasear al perro por las mañanas, a eso de las siete y media, siempre me suelo cruzar con las mismas personas. Personas que van a su trabajo, que vuelven del turno de noche, que salen con sus perros... pues todos nos saludamos... “buenos días”...”buenos días”, y algunos solo nos vemos en ese momento de la mañana. Como leí en algún sitio, es como si perteneciéramos a un mismo equipo, el equipo de los que madrugan, y tenemos ese sentimiento de grupo.

¡Venga! No me desvío del tema. Me gusta que los manteles sean de plástico, para que no se manchen la tela de cuadros que hay debajo. Que tengan los periódicos sin un trozo de hierro en el lateral, para que nadie se lo lleve a su casa. A nadie de los que van a ese bar se le ocurriría eso. Seria como robar en tu casa y robarse a uno mismo es de tontos. Me gustó que al segundo día, el entrar y dar las buenas tardes, el camarero me preguntó ¿era café con leche? . Y al tercero, ni me pregunto. Directamente lo puso.
Me gustar ver a la gente apoyada en la barra charlando del día de trabajo o del temporal de viento que hay en el Estrecho y que les ha impedido salir a pescar y, a la vez, diciéndole a la “cuponera” ¡que no! Que no quiero cupones... que no das ni el reintegro desde hace años... ¡que no! Que tengo “pa” el café y si te compro el cupón no tengo “pa pagá”... y me gusta ver como al final todos compran ese cupón.

Se que no es una cafetería del centro, que no tienen azúcar de caña, que no me lo pondrán en taza de porcelana, que no tienen cañas de chocolate... pero... simplemente me gusta.
Y seguiré saludando al entrar porque tengo la seguridad que todos contestaran “buenas tardes” al oír mi saludo.

pd.- ahora un detalle de calidad. palau de la musica de barcelona. lugar bellisimo. concierto acustico de carlos goñi. era la ultima cancion. El Dorado. es solo un detalle para que podais apreciar el ambiente.