El sábado pasado vino mi hermana a casa a ver a Adrian, le han hecho una pequeña operación en la rodilla, y han venido a ver como se encuentra. Ya, de paso, le enseñe este blog. Le pareció muy buena idea y prometió leerlo con mucho mas detenimiento. Mientras hablábamos pensaba que nuestra relación se merecía una entrada y... en eso estoy.

Lo primero es lo primero, Adrian se portó mas que bien. El es un chaval nervioso y pensábamos que lo pasaría mal. Pero se pego la hora de coche que tardamos en llegar al hospital durmiendo, le pusieron la anestesia local y siguió manteniendo la tranquilidad. Cuando entró en el quirofano seguía igual y cuando salio se reía por que una de las agujas se había doblado durante la pequeña intervención. ¡ Ese es nuestro hijo!. Ahora durante unos días no puede hacer mucho, y el fin de semana del quince del mes que viene le hace lo mismo en la otra rodilla. Espero que en un mes mas o menos pueda hacer el “salvaje” con total normalidad.

Ahora el tema de mi hermana.
La relación con mi hermana supongo que fué como la de todos... ¡bueno!, como la de casi todos los hermanos.
Recuerdo que la hice llorar muchas veces, que me metía con ella, que le cantaba canciones que a ella le molestaban y al final, irremediablemente, terminaban en lloros. Pero también recuerdo como la buscaba en el colegio donde estudiaba, como entraba en el patio y la monja al verme (en aquellos años ya destacaba sobre los demás), decía por el micrófono “fulanita de tal” y ella bajaba las escaleras corriendo. Luego hay una laguna en mis recuerdos, que supongo que se deberá a la estupidez de mi juventud, a esa edad del pavo, que yo no recuerdo, pero que sin duda tuve que pasar. Bueno.. recuerdo retazos, pinceladas, detalles... seguro que ella, que fue la que la sufrió, se acuerda de infinidad de cosas.
Recuerdo esas ensalada que mi madre ponía y que nos comíamos corriendo para ver quien era el que mas engullía.
Ella era una niña inteligente a mas no poder. Sacaba unas notas tremendas (empezaba a dar detalles de lo que haría en el futuro). Y supongo que su hermano (yo), si no hubiese sido un perfecto gilipollas, hubiésemos tenido una infancia mucho mejor.
Luego, a los quince años, me marché a Barcelona. Nuestra relación se limitaba, en aquellos años, a los viajes que hacia a casa en verano. Un año eran quince días y otro año era un mes. Esa era nuestra relación. Evitamos las discusiones y los lloros, las peleas, las canciones. Pero nos perdimos el vernos crecer. Por mi parte, me perdí, ver como mi hermana se hacia una mujer. Como era la mejor en todo lo que se proponía.

Uno de esos veranos resulta que mi hermana tenia un novio, y mi padre no quería ni verlo. Era un chaval, serio, bueno, trabajador, y lo que es mas importante, quería a mi hermana a rabiar.
Hable con mi padre, me lo curré, le hice razonar y que se diese cuenta que lo importante no era que no hubiese subido a pedir la mano de su hija, que lo importante era que quisiera a su hija, que su hija fuese feliz con el. Lo conseguimos, hoy en día, ese “energúmeno” es mi “cuñao”.

Retomemos.
Así fueron pasando los años. Luego por vueltas que da la vida volvimos, nos instalamos en la ciudad que me vio nacer. Llegamos con Adrian pequeñito, luego llegó Leire y organizamos nuestra vida.
Ella, por su parte, se había mudado a una ciudad vecina, tenia dos niños y como todo hijo de vecino se curraba la vida.

Uno de los mayores logros, ha sido retomar esa relación con mi hermana. Hablar con ella. Recordar cosas de nuestra infancia, de cuando la llamaban por el altavoz, de cuando la hacia llorar, de cuando le cantaba para hacerla enfadar.
Hemos pasado días en verano juntos, con los niños enredando, tomando granizados de café con helado de turrón (joder que verano ese, pille cinco kilos en una semana). Hemos pasado el fin de año en su casa. Hablamos por teléfono. Y cuando hay un problema... el otro esta para ayudar.

Es mi hermana... y en las oposiciones de Magisterio fue la numero uno, ¡si coño!, la numero uno... la primera... la mejor... y es mi hermana. Orgulloso que estoy de ella.
Estoy tan orgullosos de ella, como arrepentido de haber hecho el gilipollas como hice cuando era chaval. Dicen que todos hacemos gilipolleces en esas edades... pero yo era de los que mas. Así que desde este lugar y públicamente te pido disculpas. Disculpas por hacerte llorar, por hacerte rabiar... por hacerte sufrir. Y desde este mismo lugar también te doy las gracias, gracias por habernos dejado entrar en vuestra vida y aceptarnos tal y como somos.
Un beso hermana. Te quiero.

¡Ah!. No se me puede olvidar. Tengo un “cuñao” que vale su peso en oro. Es el compañero ideal de mi hermana y se ha currado el cariño de toda la familia simplemente siendo como es, un tío maravilloso. ¡ Nico eres un monstruo!, pero si un día le haces daño... recuerda... te corto los guevos.

Ahora un detallito. Concierto de Atarfe. Canta Carlos Goñi. Canción "Lisa y Frank".
La imagen no tiene mucha calidad, pero merece la pena. Fué nuestro penultimo concierto de la gira. Cerramos con Elche.