Por la presente y en relación.... no no no no... pensaba que estaba tramitando un expediente... pero no, ahora estoy haciendo la actualización del blog... así que...

Ejem Ejem... Buenos días. Pues llevo varios días dándole vueltas al tema y ayer yendo en coche por la autovía adelante a un autobús y me acordé de Paquillo.

Durante un montón de años he pasado casi más horas en hoteles y autobuses que en casa. Y durante este tiempo siempre ha formado parte del grupo el conductor del autobús. ¿Suena raro?. Pues es la puñetera verdad. Llega un momento que el conductor es uno mas del equipo. Normalmente desayunan, comen y cenan con el equipo. Asisten a los entrenos que se hacen antes de los partidos. Incluso alguno al finalizar estos hacen una competición a tiros libres con los jugadores, y algunos se movían en unos porcentajes mas que aceptables.

Recuerdo uno que teníamos en Gijón, era tremendo, cuando terminábamos los partidos y habíamos jugado mal nos abroncaba... joder que broncas. Eran peores que las del entrenador. Opinaba de todos, de las tácticas, de las cuestiones individuales, de todo todo.

Otro en Madrid era familia de Schumacher, como corría... que viajes, eran un “sinvivir”, los autobuses no pueden pasar de 100 Km/h, y este no pasaba de cien jamás, de eso doy fe. Pero nunca bajaba de cien, joder íbamos por una autovía a cien, por una carretera comarcal a cien, por una carretera de montaña a cien... no bajaba de cien nunca, y era para vernos. Parecía que cada uno de nosotros iba conduciendo... que tensión, que nervios. Poníamos las películas y no las veíamos, todos estábamos pendientes de la carretera.

Teníamos otro en Tarragona que opinaba en la confección de los menús. Que si los macarrones si, pero sin tomate. Que carne si, pero que nadie le ponga mayonesa. Que nada de bebidas con gas. Y si veía a alguno de los jugadores en la cafetería tomando una Coca Cola le pegaba unas broncas tremendas.

En Torrelavega teníamos uno que era el extremo opuesto al primero, al de Gijón, este era el tío mas lento del mundo. Decía que si nos dábamos un porrazo era mejor dárselo despacito. Un viaje de Cantabria a Murcia que ya de por si es larguísimo, con este hombre era interminable. Eso si, tenia un humor magnifico... vamos que si llega a tener mala baba es “pa” matarlo.

Con otro conductor nos pasó un caso...una situación... pues os cuento. Veníamos de jugar de... Sevilla creo. El caso es que cuando veníamos de regreso, estábamos llegando a Tarifa, se estropearon las luces... si si, las luces del autobús, nos quedamos a oscuras. Solo funcionaban las largas... y ese buen hombre cada vez que se encontraba un coche de frente las apagaba... si si... las apagaba, decía que para no deslumbrar al que venia de frente. Así que nos quedábamos a oscuras. Yo estaba justo detrás del conductor, pegadito al cristal, mirando la carretera, con mas tensión que Fernando Alonso en la ultima carrera del Campeonato del Mundo de F-1. Pero el resto del equipo estaba a mi lado. En los ocho primeros asientos del autobús estábamos sentados los doce jugadores, el entrenador y el delegado. Nos unía un estado anímico... una sensación...un “noseque”... el acojono.
Y eso era en el autobús. Figuraos el que venia en el coche de frente. Nos situamos.... doce de la noche. Carretera nacional. Dos carriles, uno de ida y otro de vuelta. Una recta de mas de dos kilómetros. Y el que viene en sentido contrario, que nos viene deslumbrando porque lleva las largas, de golpe y porrazo, apaga las luces... desaparece. No es que veas que las luces se desvían y se va por un cruce. No es que veas que se marcha por otra carretera. No, las luces se apagan, ya no están. Supongo que mas de un buen susto dimos esa noche.
Conseguimos que parase el bus. Y al apagar el motor y volver a arrancar las cortas funcionaron. Así que sin hacer mucho ruido seguimos viaje.

Historias de este tipo hay montones. Han sido muchos años de viajes.

De todos los conductores que hemos tenido recuerdo con especial cariño a uno. A Paquillo. Me pilló en mis últimos años como jugador y los primeros como entrenador. Hice algunos viajes sentado junto a el. En el asiento que llevan los autobuses junto a la puerta delantera derecha. Charlamos de los hijos. De la casa que se estaba haciendo para vivir con su mujer ahora que los chavales eran mayores y se independizaban. Del viaje que habían hecho a Madrid con su mujer. Que pensaba dejar los viajes largos y dedicarse a las líneas urbanas, de esta manera estaba más tiempo en casa. Que hacia muchos años que cargaba el cuerpo con cientos, con miles de kilómetros y que le apetecía algo mas tranquilo. Una línea urbana, cobrando el tiket, parada marcadas en las calles, y siete horas diarias. Le costaba dejar los grandes viajes... las sesiones de tiro... las cenas con el equipo... los comentarios sobre el partido. Le costaba dejar los viajes al extranjero con las asociaciones. Conocía toda Europa gracias a estos viajes. Era capaz de situarte cualquier hotel de capital Europea mejor que los GPS que hay en el mercado. Te explicaba con pelos y señales como entrar en Treviso y llegar al Boscolo Hotel Maggior Consiglio sin perderte.
Pues estas eran algunas de las ilusiones de Paquillo, por esas luchaba, por esas se levantaba cada mañana y recorría la piel de toro.

Un buen día alguien me comento que estaba fastidiado, al poco tiempo me dijeron que esta en el hospital y un día me dijeron que Paquillo había muerto.... no había llegado a dos semanas... y piensas que no lo entiendes, que todo es una basura, una putada. Que un tío que ha estado toda su puñetera vida currando, trabajando de sol a sol, días fuera de casa para que los chavales estudien... para que se compren su primer coche.... para ayudarlos con los primeros muebles del piso que han alquilado... y cuando tiene todo eso hecho, cuando ya lo ha conseguido todo. Cuando lo que le queda es disfrutar del trabajo realizado, de los logros conseguidos. Cuando lo que queda es disfrutar de la vida con tu pareja, disfrutar de los nietos, hacer viajes y que sea otro el que nos lleve y nos traiga. Va y esta puta vida que parece que solo es justa con los que no se lo merecen se lo lleva. Se carga de un plumazo todos esos sueños, todas esas ilusiones.
No es justo, no estoy de acuerdo, no me parece bien. Es una putada.

A Paquillo no me unió una gran amistad, no éramos compañeros inseparables. Charlamos en varios viajes, durante algunas horas. Pero fue de esas personas que te dejan una muesca en la culata, una muesca que recuerdas durante toda la vida. Esa muesca hace que cada vez que veo un CTM (empresa en la que trabajaba Paquillo), me acuerdo de el.
Ahora puestos a recordar sus sueños, ilusiones, esperanzas, sigo diciendo que la vida no es justa. Que disfrutemos lo que tenemos, lo valoremos. Que cualquier día la perra vida se nos va y lo que no este hecho en ese momento... sin hacer se queda.

La vida no fue justa con Paquillo.
Te mando un abrazo donde quiera que estés.