Buenos días.

Ya hace tiempo desde la última... pero aquí estamos otra vez.
En este tiempo, pues mucho trabajo... y las vacaciones de Semana Santa.
Las vacaciones han sido, como casi todas... cortas, muy cortas.
Empezamos el viernes 14 de marzo. Toca madrugar (cinco de la mañana) y todos al coche. Los niños en los asientos traseros con almohadas y mantas, nosotros en los delanteros y con un montón de kilómetros por recorrer. El destino?.... pues... Barcelona.
Un poco antes de las ocho estábamos desayunando en Loja, cerca de Granada, y a eso de las doce y media, nos comíamos un bocata en el área de descanso de la autopista Alicante – Valencia. El bocata de tortilla de patatas y pechuga de pollo empanada, para mas señas. Después de este descansito pues a seguir ruta, aun nos queda un montón de kilómetros por recorrer. Sobre las cuatro de la tarde llegamos a Barcelona. Hacia un años que Luisa no veía a su familia... hacia un años que estos no veían a los niños, así que tocaban besos...abrazos...los típicos “que grandes estáis”, a los niños, eh!!!... “si la niña es clavaita al padre... “el niño es como la madre”... supongo que como todos los reencuentros familiares.
La estancia ha transcurrido entre comidas en casa de uno y cenas en casa de otras. Han sido ratos de confidencias entre hermanas... confidencias que llevan un año aparcadas... un año esperando un reencuentro... un año deseando dar un abrazo, un año esperando sentir ese abrazo.

Merece una actualización propia “El Cine”. Unas de las hermanas de Luisa regenta el puesto de chucheria de un cine... joder... pero que cine. No es una de esas multisalas modernas... no... no... es de esos cines de antes. El nombre como no podría ser otro es “Cine Capri”... parece que te has ido años atrás en el tiempo... con taquillera... con acomodador... con sabor... se respira cine, historia, tiempo... parece que se oyen risas, gritos de miedo de películas en blanco y negro. He tenido la gran suerte de estar en esa sala cuando no hay gente, cuando todos se han ido, cuando parece que el tiempo se ha parado, es... no se... es... ponerse la piel de gallina... piensas que ¿cuanto mas aguantará?... esta luchando contra intereses comerciales, inmobiliarios... el metro cuadrado de suelo en esa zona es astronómico... pero lo ves como una isla... como un luchador acosado por rivales poderosos... y deseas que siga allí... que sea vencedor de esa pelea. Deseas que cuando mis hijos que, comían palomitas en el anfiteatro, sean mayores puedan ir con mis nietos y decirles que a su abuelo se le puso hace muchos años la piel de gallina solo con estar sentado en esa sala una tarde de marzo. Deseas que esas personas sigan amando al cine como lo hacen y que sigan estando en la taquilla, proyectando, acomodándote... regalándote una sonrisa al llegar... un “¿le ha gustado?”... un “la semana que viene ponemos tal película, de tal director y con fulanito de tal de protagonista”. Deseas que ese reducto de cercanía, de humanidad, de amistad, de calor, de placer, siga en su lugar...que nunca desaparezca... que no se vea derrotado en esa lucha... esa lucha en la que la mayoría han caído y el “Capri” aún resiste. ¡Joder si hasta el nombre respira historia!.

El Jueves fuimos al monasterio de Monserrat. Merece la pena el viaje. Cuesta trabajo imaginar como hace siglos se pudo empezar a construir todo lo que hoy en día existe. Una obra arquitectónica tremenda, unos paisajes bellísimos... un sitio maravilloso para pasar el día... un tren cremallera que te los pone de corbata.... y con ellos en el sitio en el que no deben estar pues monte “parriba” y en unas rutas, que, ahora que están civilizadas da miedo caminar, imaginas que seria aquello hace varios siglos, en días de invierno, con los caminos nevados, con ventisca... tenia que ser tremendo. Repito, hoy en día da miedo y eso esta medianamente decente, hace varios siglos... acojonante.

El viernes tocaba madrugar, salimos para Bocairent. Tocó diana a eso de las cinco de la mañana y en media hora estábamos en carretera. Parada para desayunar en un área de servicio de la autopista y a eso de las diez o diez y media estábamos en llegando, no sin haber tenido un despiste en la autovía, pasarme de salida y colarme en una rotonda. Esto produjo risas de guasa y gritos de “papaaaa”.... vamos... cachondeitos varios.
El pueblo... el pueblo... una pasada, bonito, bonito, bonito. La primera impresión, al entrar por la carretera... fue... ¡joder que pasada!. Era una postal. Bocairent esta situado sobre una gran loma. En la parte mas alta sobresale el campanario de la iglesia y las casas están escalonadas cubriendo la montaña. Así que mientras esperaba que viniesen a buscarnos saque la cámara de fotos y me recree haciendo varias.
Anibal llego a buscarnos en unos minutos y nos acompañó a la “Casa Blanca”. Este es el nombre de la casa de los padres de nuestros amigos.

El tema de la casa es parecido al del cine, merecería un capitulo aparte. Casas como esta no se ven. Las casas de hoy en día son adosados, o como dicen algunos “acosados”. Son... unos... setenta metros cuadrados en dos plantas, y con un poco de suerte unos quince o veinte metros de jardín. Pero la “Casa Blanca” no es así. La “Casa Blanca” es como.... como esas casa que salen en las películas antiguas, casas señoriales, antiguas, con solera, casa con vida, con historias que contar y con historias por vivir. Con salón enorme y con chimenea. Con una mesa para quince comensales. Con paredes blancas cubierta por tapices, cuadros, recuerdos. Con suelos de terrazo que a pesar del paso de los años siguen cumpliendo su cometido. Con una cocina donde se puede hacer vida, donde desayunar, donde comer, donde hablar. Con un baño... joder que baño, es como el salón de uno de esos “acosados”, enorme... si me ponen una tv no salgo en todo el día. Con infinidad de dormitorios y habitaciones. Con dos plantas repletas de historias. Con un jardín en el que mas de un director de películas le gustaría grabar su próximo éxito, y en el que los chavales corren, juegan, disfrutan, hacen explotar sus mascletas... vamos, para lo que están los jardines de las casas. Ha sido un place pasar unas horas en esa casa y lo que es aun mejor, en esa compañía. Una gente maravillosa. Un abrazo a todos y cada uno de la Familia Mestre, gracias por vuestra acogida y por hacernos sentir como en nuestra casa. Gracias por hacernos sentir cómodos.
La tarde se nos fue entre charlas, cafés y la visita a un antiguo depósito de nieve. Luego visita al bar del pueblo y saludos a los amigos.
La cena en la misma mesa de quince comensales y con el mismo sentimiento de comodidad y de estar a gusto que nos ha proporcionado durante toda nuestra estancia en Bocairent. Gracias de corazón. Ha sido un placer. Pero... todo tiene un pero... lo malo... que volveremos... si... si...volveremos. Nos queda mucho por ver en ese maravilloso pueblo... y vosotros lo vais a sufrir.

El regreso a casa el sábado. ¿La hora?. Cinco y media de la mañana.... madrugamos, pero sobre las nueve estábamos desayunando cerca de granada y antes de las doce entrabamos en el garaje y subíamos las maletas a casa.

Una semana de vacaciones... una semana de reencuentros... una semana para conocer lugares... una semana para conocer personas... una semana para estar... junto a ellos. Lo necesitaba.

PD.- Uno de los mejores momentos de esta semana, aunque al leerlo no os lo parezca, fue un paseo que hicimos Luisa y yo. Solos. Cogidos de la mano. Mientras esperábamos que nos preparasen una pizza para los chavales. Hacia tiempo que no paseaba solo con ella, cogidos de la mano, de noche, y charlando. Repito de los mejores momentos de esta semana.