..... hay veces que uno, durante el día, piensa en algo y cree que es el tema ideal para hacer una actualización, se ve positivo, le gusta..... pero pasa el día, le das vueltas, lo miras desde otro enfoque, y al final todo lo positivo que por la mañana veías, por la tarde es oscuro.

El tema es que el ultimo libro que he leído es una novela histórica sobre la vida de Doña Jimena.

Confieso que la historia me apasiona, confieso que cuando un libro de este tipo cae en mis manos tengo el disfrute garantizado durante varios días.

Con este libro me he trasladado al año 1054, no hay fecha exacta de su nacimiento. He vivido intrigas en la corte de León en el año en que reinaba Alfonso VI.
He estado días en carro por caminos intransitables, vadeado ríos, durmiendo con el cielo por techo.
He asistido a batallas sangrientas contra los musulmanes, que en esa época dominaban casi la totalidad de la Península.
He conocido a reyes musulmanes, he paseado por sus palacios, he olido a tierra mojada por la lluvia paseando por sus reinos de taifas.
He asistido al cruce del Estrecho de Gibraltar de las tropas almorávides en el año 1086, al frente de las cuales venia el Emir Yusuf.
He asistido la boda de Doña Jimena con Rodrigo Días de Vivar.
He visto como las mesnadas del Cid mantenían controlada una importante zona de la Península.
He visto como el propio rey Alfonso VI lo desterraba y como el se buscaba otro señor para el que “trabajar”.
He asistido a la conquista de Valencia a mediados de junio del año 1094.
He llorado a la muerde de su hijo Diego, a la edad de 19 años, en la batalla de Consuegra contra las tropas almoravídes.
A la muerte de El Cid, he visto como Doña Jimena defendía la ciudad de Valencia.

En resumen, he vivido un trocito de la apasionante historia de este puñetero país. Esa historia que se nos niega, esa historia que no conocemos, que no se da en los colegios. Historia que nos niegan en aras de un “buen rollito” político.

La historia de un país es su vida, sus errores y sus aciertos, sus miserias y sus alegrías, sus victorias y sus derrotas, conocer sus cicatrices..... pero sobre todo es aprender, aprender de los errores cometidos e intentar no repetirlos.

Tenemos un país con una historia como pocos, historias apasionantes de hierros, sangre, luchas, estudios, amores, ciudades, espadas y cañones, curas y monjas, aristócratas y plebeyos, ..... y lo que realmente me jode, es que parece que nos avergoncemos de ella, parece que la quieren esconder, que es mejor no conocer, que es mejor que la ignoremos....
.... parece que pretenden que la olvidemos....

El otro día le pregunta a mi hijo, estudia cuarto de ESO, si conocía la historia del Cid, me dijo que si..... pero, joder, la conoce de la asignatura de literatura, por “El Cantar del Mio Cid”..... pero de su vida, sus batallas, sus luchas, sus intrigas en la corte..... no conoce nada. Pero eso no es lo peor, lo peor es que si le preguntas sobre la conquista de América, la respuesta es la misma, si le preguntas acerca de algunos de los grandes marineros que ha dado la historia de España no conoce a ninguno..... marineros que han explorado mares en unos barcos en los que no nos montaríamos hoy en día ni aunque nos pagasen.... marineros reconocidos por sus enemigos y olvidados por sus reyes.... gente que se dejo la piel por lo que creían, por lo que amaban.... porque era su destino, tenían que hacerlo.....
Hombres así son los que han forjado la historia de este país.
Un día leía en un artículo que la vida de Lor Nelson era conocida por cualquier escolar Ingles, pero la diferencia es que ellos, para bien o para mal, están orgullosos de su historia, la estudian, la conocen. Nosotros a diferencia de ellos parece que la queramos barrer y esconder debajo de la alfombra, parece que queremos borrarla..... y un pueblo que olvida su historia..... olvida sus errores y vuelve a cometerlos....

Dicen que “un pueblo que no conoce su historia no puede comprender el presente ni construir el futuro”.

Ahora comprenderéis que aunque la intención sea buena, cuando me pongo a darle vueltas en la cabeza, termino con un puteo de cojones, al darme cuenta que nos toman por gilipollas.