Era una semana muy dura...

Termino la feria, ya hace días que se ha vuelto a la normalidad.
Pero, esta feria no es como la de antes, no es como cuando yo era un chaval.
Recuerdo que sobre las nueve o diez de la noche nos subíamos al coche. Recuerdo los enfados de mi padre buscando aparcamiento, el caso es que íbamos en coche y al final aparcábamos en el quinto carajo, no había sitio, todos los aparcamientos estaban llenos. Cuando conseguíamos aparcar nos quedaba la caminata.... pero luego.... estaba el premio... la caseta.
La caseta era el punto de reunión, de estancia y de partida. Los mayores no se movían de ella en toda la noche. Era algo parecido a cuando conté lo de la playa. El primero en llegar tenia que marcar territorio, así que a poner mesas en fila y cuatro sillas en cada mesa. Una vez terminada esta operación la siguiente era poner los bolso, los jerséis, todo lo que se pudiese en las sillas para que el posible rival se diese cuenta que estaba ocupado. Aun así había veces en las que había disputas territoriales, en las cuales los machos dominantes se enzarzaban en ballet de movimientos agresivos, gesticulaciones y bravuconeria.... normalmente todo terminaba en un hermanamiento en la barra, consistente en “vamos a tomar un fino y le pedimos al de la barra que saque unas mesas y unas sillas mas”.
Mientras los chavales ya andábamos corriendo entre las mesas, jugábamos en la pista de baile o mirábamos el cuadro eléctrico de la orquesta para ver que había que tocar para dejar sin electricidad y volver locos a los de la orquesta.
Cuando todo estaba organizado, se acercaba un señor a las mesa y con una libreta empezaba a apuntar una serie de raciones que para cualquier mortal seria imposible terminar.... pero en feria todo es posible. Raciones de jamón, raciones de queso, pescado, pimientos, tortillas, lomo con patatas, pinchitos, calamares, pulpo.... de todo esto como mínimo tres raciones de cada cosa, osea una verdadera pasada. Luego la bebida, ahora se va de rebujito y bebidas novedosas, antes no, antes o bebías cerveza, o fino, o se pegaban unos cubatazos de caerse de espaldas.
Nosotros estábamos corriendo y saltando, pero por algún sexto sentido.... algo que hay en la mente de los chavales... un sentido que nos ayuda a sobrevivir... en el momento que el camarero salia por la puerta de la cocina con la bandeja repleta de raciones, en ese momento, alguno de nosotros daba la voz de alarma “YAAAAAAAAAAAAA”, todos corríamos en la misma dirección. El pobre camarero no se atrevía a poner nada, estábamos acelerados, los padres nos gritaban “ESTAROS QUIETOS, ESTE HOMBRE NO PONE NADA SI NO OS PORTAIS BIEN.....”, y este hombre, al que le quedaba por delante una noche de ordago, lo que estaba deseando era soltar la bandeja porque estaba apunto de caerse todo al suelo. Se estaría acordando de nuestros puñeteros padres, presentes en aquel momento, y desando dar una torta a mas de uno. Pero como buen profesional aguantaba el tipo con una sonrisa y un “no se preocupe señora que yo espero lo que haga falta”.... eso si que eran profesionales, aunque por dentro se estuviese acordando de toda tu puñetera familia.... por fuera... por fuera estaba que daba alegría verlo.... de un solicito.... de una amabilidad... con esa camisa blanca, parado con la bandeja.... vamos ¡un profesional!.
Pues cuando esta buen hombre dejaba las raciones en la mesa aquello era.... pues... la ley de la selva, el mas fuerte come, a los débiles le tenían que ayudar los padres. Le ponían en un plato un poquito de cada cosa... a nosotros no nos hacia falta, nos valíamos por nosotros mismos para alimentarnos. Los primeros días era mas difícil... pero después de pasar el tercer día... eramos unas maquinas perfectamente entrenadas para devorar, no dejábamos nada en los platos, eramos pirañas. Nuestros padres preocupados “niño no comas mas que te va a dar algo” “que te vas a poner malo” “como vomites luego te doy la grande”.... pero nosotros mientras había comida... comíamos.
Al terminarse los alimentos reposábamos un rato.... unos dos o tres minutos.... y salíamos en estampida a buscar las atracciones, no sin antes haber sableado el bolsillo de los padres.
Las atracciones eran diferentes a las de ahora. Antes la noria estaba en todas las ferias, ahora hace unos años que ni viene.... y que noria la de antes. Ahora la noria es un cajetin cerrado, con una ventanita. La de antes no, en la de antes había que tener narices para subir. Era un cascaron de
huevo con una cadenita “para no caerse”.... y aquello giraba y giraba... cuando terminabas siempre llegaba el que te preguntaba ¿las vistan son bonitas?, la respuesta, si tienen que ser muy bonitas. Y es que subir a la noria no subíamos para ver las vistas, eso era lo de menos, el subir era una prueba de valentía. Aunque fuese con los ojos cerrados había que subir, y aunque te hubieses cagado de miedo no podías decirlo.... vamos, creo que nadie admitió nunca haberse asustado... y las caras con las que bajábamos eran no de estar asustados, era de habernos cagado vivos.
El látigo nos tocaba el estomago con sus curvas y frenazos... pero lo que nos destrozaba era el barco vikingo... eso era para unos pocos elegidos... lo aguantábamos pocos... era para profesionales de las atracciones.
El barco era como.... era como un columpio pero a lo bestia. Había gente que se sentaba y estaban los que se metian en unas jaulas que había en los extremos. Y aquello empezaba a columpiarse.... cada vez mas fuerte... y mas... los que estaban en los bancos chillaban, estaban sujetos. Los que estábamos en las jaulas no chillábamos, berreábamos.... parecía que en cualquier momento salias despedido, no estabas sujeto. Cada vez que aquello se detenía en el aire para volver por donde había llegado... ese momento era demoledor.... parecía que caías directo al suelo. Cuando terminaba tenias un mareo de la leche, parecía que habías estado embarcado en medio de una tormenta.... pero no lo admitías.... eramos depredadores....
Cuando te reponías, aunque parezca mentira, teníamos hambre. Así que tocaba un bocata... y “el bocata” de aquellas ferias era el de salchicha. Nos cobraban por un bocata y la coca-cola, veinte duros... y un par de ellos caían durante la noche.
Cada cierto tiempo dábamos una vuelta por la caseta, para tranquilidad de los padres.... aunque la verdad.... muy intranquilos, lo que se dice muy muy intranquilos no estaban. Cantaban, bailaban y sobre todo bebían.... así que.... como... que...un... “sinviví” por nosotros no tenían, pero bueno, ellos decían que nos diésemos una vueltecita por la caseta para estar tranquilos, así que cada cierto tiempo decíamos “estamos bien”, y salíamos corriendo.
A ultima hora cuando ya no podíamos mas, podían ser las cinco o las seis de la mañana, nos dirigíamos a la caseta. Nos estaban esperando.... era tarde.... tocaba el chocolate con churros... eso era la puntilla. Si el estomago había aguantado la noche.... esto podía desencadenar algo de consecuencias desastrosas... y mas de una vez lo hizo. Era tomar el primer sorbo y.... grugggarrrrrggggg.... el estomago avisando.... segundo sorbo.....GRUGGGARRRRHGGGG...... te decía que no.....y primer bocado de churros....RUAGGGGGGRRRRUUUUUGGGGBBBBBB.....desde ese momento hasta la llegada a casa era un suplicio, sudor, retortijones, diosssss que mal se pasaba.... el que alguna vez le ha pasado entenderá lo que quiero decir y lo mal que se pasa (venga, no me vais a decir que no, que no os ha pasado.... vengaaaaa....).
La llegada a casa era el descanso.... el reposo. Nos acostábamos y nos levantábamos a eso de las seis o las siete de la tarde dispuestos a repetir. Mientras mi padre había ido a trabajar y dormido la siesta. Así que a las ocho y media o nueve empezábamos a prepararnos para empezar otra vez. Los depredadores estaban preparados, listos para otra dura jornada en la que tendríamos que demostrar que nos podíamos alimentar sin ayuda, que eramos valientes, y que nuestros estómagos podían aguantar mas que ninguno.
Eran siete días de feria, siete días de trasnochar, siete días de diversión, siete días en los que jugábamos a ser mayores, siete días en los que nos independizábamos y nos dejaban solos durante horas.
La feria ha cambiado. Ahora la feria se hace, mayoritariamente, de día..... pero a mi personalmente me gustaba mas la de antes.... sera que soy un nostálgico... sera que la tengo idealizada.... será que soy muy antiguo....pero me gustaba la feria que he contado.












